(Publicación del periódico El País, 26 noviembre 2016 – Por Íñigo Domínguez). – Una pianista halla en una biblioteca suiza el manuscrito original de una de las grandes obras del compositor, que se daba por desaparecido desde hace casi un siglo.
Isabel Puente no es una investigadora ni se ha pasado la vida en bibliotecas, por eso no se creyó lo que tenía entre manos cuando leyó en una carta del 28 de mayo de 1926 que el compositor Manuel de Falla le decía a un mecenas suizo que le iba a regalar la partitura original de Noches en los Jardines de España, una de sus más grandes obras. Porque, según había leído mil veces, se daba por perdida y su paradero era un misterio. Pero Falla decía bien claro: “En cuanto al manuscrito lo llevaré conmigo, y con placer”. Falla se fue el mes siguiente a Zúrich en tren desde Granada, invitado al festival de música clásica más prestigioso de la época y, por lo que decía, se había llevado ese documento. Un preciado regalo para Werner Reinhart, importante benefactor de artistas, amigo de Rilke y Stravinsky, con el vicio de coleccionar partituras originales. Isabel Puente, reputada pianista y profesora del Real Conservatorio de Madrid, se quedó de piedra en su casa delante del ordenador, ante una copia de la carta escaneada que le acababan de mandar, al pensar que quizá la partitura aún estaría allí, en Suiza. “Me quedé sobrecogida, me di cuenta de inmediato de que era algo muy importante”, relata. Localizó la biblioteca que conservaba el legado de Reinhart, en la ciudad de Winterthur, y se lo confirmaron por teléfono, pero como la cosa más normal del mundo. Llevaba allí 90 años. Solo que en España nadie lo sabía.
Pocos días después Puente se cogió un avión a Zúrich con su marido, el compostitor José María Sánchez-Verdú, y su hijo. Luego un tren y a mediodía, ansiosos, ya estaban en la Stadbibliothek de Winterthur. En un ambiente sorprendentemente familiar, con niños jugando por ahí, un señor muy amable les trajo un montón de carpetas y les dejó curiosear todo lo que quisieran. “Disfrutad”, les dijo, y se largó. Entre muchas joyas, partituras originales de Mozart, Schubert, Haydn, Liszt, Debussy, Stravinsky, encontraron la de Falla. Estuvieron siete horas devorando papeles como niños en una tienda de caramelos. Ni pararon a comer. A su hijo le dejaron hacerlo allí sin problemas, entre obras maestras, y se pasó la tarde leyendo tebeos.
El manuscrito, 106 páginas de gran tamaño, se conservaba perfectamente, estaba escrito a lápiz y lleno de detalles interesantes, como… (Seguir leyendo)
