Hasta siempre “viejo amigo”

Hoy, lunes 4 de marzo, fallecía a los 68 años de edad el compositor y cantante dominicano Florián Antonio Rodríguez Jiménez, bautizado, por el locutor Joaquín Jiménez Maxwell, como Anthony Ríos.

Santo Domingo (04 de marzo de 2019).- La Biblioteca Juan Bosch de la Fundación Global Democracia y Desarrollo (FUNGLODE), se une al dolor de la familia del cantante y escribe estas líneas de homenaje para agradecer y reconocer el gran legado de un artista que transformó la historia de la música dominicana para siempre.

El cantador, como él mismo se consideraba, Florián Antonio Rodríguez Jiménez, nació en el paraje Las Cañitas, municipio de Sabana de la Mar, el 17 de julio de 1950. Posteriormente se muda a Hato Mayor, donde comienza sus primeros pasos artísticos como locutor en Radio Maguá, aprende a tocar la guitarra y poco a poco se da a conocer entre la gente del pueblo, tocando en cada una de las fiestas que allí se celebraban. Su madre, quien era maestra de campo, le inculcó el amor por la lectura y por el idioma que hablaba, haciendo de él un virtuoso de las palabras, hechos que se plasmaron posteriormente en cada una de las canciones que componía. Fue descubierto por el director artístico, Joaquín Jiménez Maxwell, quien lo bautizaría finalmente como Anthony Ríos. Desde ese momento se muda a la capital del país y comienza su carrera artística. Conoce a Johnny Ventura, Fausto Rey y Luisito Martí, todos ellos, pilares fundamentales en lo que sería su desarrollo como artista.

Podríamos decir que Anthony Ríos inicia, a partir de aquí, una larga carrera en la que conformó parte de la Orquesta El Combo Show, formó la Orquesta El Sonido Original, grabó unos veintiún discos, compuso canciones que dieron la vuelta al mundo, muchos de ellos llegaron a ser interpretados por artistas de prestigio como Yolandita Monge, Pastor López y Lissete Álvarez, entre otros. Con los años siguió cultivando su faceta como locutor de radio, se atrevió con el séptimo arte e incursionó en uno de los géneros más difíciles, el humor.

Pudiéramos seguir ahondando en la biografía del artista, no obstante desde la Biblioteca Juan Bosch queremos destacar y recordar su parte más humana, la cual pudimos admirar la noche del 23 de julio de 2015 en nuestro encuentro mensual “Música entre Libros”. Una iniciativa que forma parte del Programa de Actividades de Extensión Cultural de la biblioteca y que a modo de atelier musical crea un espacio de reflexión para analizar el arte musical desde un punto de vista académico, acompañado de una propuesta artística.

En ese encuentro íntimo, Anthony Ríos nos habló de su vida, de sus anhelos, de sus preocupaciones y de sus logros. Confesaba que era un gran lector gracias a su madre y que leía para encontrarse a sí mismo y de esa manera tratar de ser útil a la sociedad, una sociedad que le había dado más de lo que merecía.

El artista reconocía que tenía “ángel” porque sabía comunicar sus emociones a través de las canciones, que tuvo la suerte de hallar buenos receptores, un público que lo comprendía a pesar de sus exigencias, pero sobretodo que lo respetaba por ser auténticamente él dentro y fuera de los escenarios.

El amor fue una constante en su vida, Ríos lo definía como “la verdadera Ave Fénix mitológica” que le hacía reinventarse cada día.

Entre sus preocupaciones nos dejó ver su sensibilidad por varias realidades del país, y expresaba que “antes de abandonar este mundo quería dejar hecho algo positivo por la niñez y por los envejecientes”.

Sin duda, su gran corazón y humildad no solo le hicieron ser uno de los mejores artistas de nuestro país, sino un Ser Humano excepcional, con sus virtudes y defectos, pero que amaba por sobre todas las cosas.

Su música será eterna, no dejará que nuestro espíritu envejezca y seguramente seguirá acompañando la banda sonora de nuestras vidas.

Si el maestro daba las gracias al final del encuentro por dejarle ser él mismo, ahora somos nosotros los que te las damos a ti, gracias por dejarnos ser testigos de tu propio camino, por hacerlo tan tuyo que ahora es ya de todos.

Que tu música siga enamorando al mundo. Hasta siempre “viejo amigo”.

Paz a su alma

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